Muebles LluesmaMuebles LluesmaMuebles LluesmaMuebles Lluesma

Diseñarte > El concepto de diseño: definiciones y descripciones

Las múltiples corrientes y direcciones del diseño se reflejan en el uso del concepto mismo. A continuación se intenta recoger esta variedad de interpretaciones mediante algunos ejemplos. Desde un punto de vista teórico, un concepto se define mediante el análisis de sus rasgos característicos fundamentales. En este sentido se decía en la introducción a Grundlagen einer Theorie derProduktsprache (Fundamentos de una teoría comunicativa del producto; Gros, 1983), que el objeto de conocimiento de la teoría del diseño -y también de la actividad práctica de los diseñadores-, es el lenguaje del producto. Esta afirmación incluye las relaciones hombre-producto transmitidas por los sentidos; este lenguaje del producto se divide a su vez en las funciones estético-formales, las funciones indicativas y las funciones simbólicas. Esta definición se ha mostrado en los últimos años una base razonable a la hora de disertar sobre la disciplina. Prueba de ello no es tan sólo la adopción indirecta del concepto teórico por parte de diversas escuelas de diseño alemanas, sino también la aceptación internacional del concepto de semántica del producto. Junto a esta regla general existen definiciones semánticas que se centran más en el significado de las nociones, es decir que describen el empleo del lenguaje dominante. En este sentido Horst Oehlke (1977) propuso en su día no definir al diseño sino describirlo. Esta propuesta implica el intento de designar las metas, las tareas y el objeto a conformar por la industria partiendo de la experiencia práctica de la actividad creativa y educadora. Muchos son los que consideran a Leonardo da Vinci como el primer diseñador. Además de sus ingenios y sus numerosos estudios científicos sobre anatomía y óptica, está considerado como el precursor de una mecánica elemental (de este modo confeccionó por ejemplo un libro de ejemplos de elementos de las máquinas). Sin embargo, sus objetos prácticos, sus ingenios y sus mecanismos nos hablan más de un técnico que de un diseñador preocupado por la creación formal. Seguramente partiendo de esta tradición, el Oxford English Diccionary del año 1588 menciona por primera vez el concepto de diseño y lo describe como: - un plano o un boceto concebido por un hombre para algo que se ha de realizar. - un primer boceto dibujado para una obra de arte... (o) un objeto de arte aplicada, necesario para la ejecución de la obra. Axel von Salden (1987) señala también en sus investigaciones históricas, que hacia finales del siglo XVI se usaban en Italia las nociones "disegno interno" (la idea de un proyecto a ejecutar) y "disegno esterno" (la obra ejecutada). Sigfhed Giedion (1987) describe cómo entró en escena el diseñador industrial a mediados de los años treinta: "Dio forma al caparazón, se preocupó de hacer desaparecer los mandos visibles (de la lavadora) y le dio al conjunto, en pocas palabras, una forma aerodinámica como la de los coches o la de los ferrocarriles." Esta clara división entre el trabajo técnico y el trabajo creativo en el producto condujo en los Estados Unidos a un desarrollo de la disciplina tendente al "styling" y al puro modelado. El concepto de diseño industrial nace en boca de Mart Stam por primera vez en el año 1948 (Hirdina, 1988). Stam entendía por diseñadores industriales a aquellos proyectistas que trabajaran para la industria en cualquier campo, pero en particular en la creación de nuevos elementos y materiales. Sobre todo es en la antigua República Democrática de Alemania donde se ocuparon con gran tesón de la definición del concepto de diseño. A mediados de los años sesenta Fred Staufenbiel proclamó que el diseño (la creación de la forma) establecía la unidad del "valor cultural" y del "valor de uso" del producto. Precisamente en este país siempre se entendió el diseño como parte integrante de la política social, económica y cultural. Este debate ha comenzado en la República Federal Alemana sólo hace algunos años, principalmente en relación con las cuestiones de la identidad corporativa y del diseño corporativo. Horst Oehlke (1978) replicó a la teoría comunicativa del producto observando que la creación de la forma no debería referirse únicamente a la parte del objeto perceptible por los sentidos, sino que el creador debería ocuparse también de los recursos que pudieran satisfacer las necesidades de la vida social e individual. Diez años más tarde (Oehlke, 1988), abogaba por un enfoque integral del diseño, en el que propuso investigar funcionalmente el objeto del diseño en tres direcciones: - como objeto de utilidad práctica y/o instrumental, - como objeto de comunicación social, - como objeto de percepción sensorial. La responsabilidad social ocupa el primer plano de la actualidad en lo referente a los esfuerzos por establecer el diseño industrial en el tercer mundo. A partir de sus experiencias en los años setenta, Gui Bonsiepe propuso interpretar el diseño industrial como un medio a través del cual se pudieran alcanzar una lista de objetivos: - Mejora de la calidad medioambiental, siempre que ésta venga determinada por los objetos. - aumento de la productividad. - aumento de la calidad de uso de los productos industriales. - mejora de la calidad visual o estética del artículo. - aumento del volumen de ventas de la empresa; -fomento de la industrialización en los países del tercer mundo. El fuerte acento de estas reivindicaciones sociales llevó a Bonsiepe (1986) a hablar de dos clases de diseño, que no tienen prácticamente nada que ver el uno con el otro: diseño para la metrópoli y diseño para la periferia. Aquí no profundizaremos en esta diferencia. Las publicaciones de Bonsiepe (1974, 1978, 1983) proporcionan diversos ejemplos y muestran las razones de dicha división. El Design Zentrum de Berlín (IDZ) llegó a elaborar en el marco de una exposición, una descripción realmente útil para el contexto alemán: - el buen diseño no debe identificarse con la técnica del aspecto externo. La particularidad del producto debe ponerse de manifiesto mediante un diseño oportuno. - la función del producto y su manejo deben ser visibles para ofrecer una clara lectura al usuario. - el buen diseño debe mostrar los adelantos del desarrollo de la técnica. - no se debe limitar al producto en sí, sino que también debe tener en cuenta cuestiones como la protección del medio ambiente, el ahorro energético, la posibilidad del reciclaje, la durabilidad y la ergonomía. - el buen diseño debe tomar como punto de partida la relación entre el hombre y el objeto, considerando sobre todo aspectos como la seguridad y la medicina laboral. En esta compleja relación se pueden encontrar claramente junto a los aspectos funcionales (funciones prácticas), aspectos comunicativos del producto, así como los, hoy en día cada vez más importantes, aspectos ecológicos del diseño. En el mismo sentido, pero de una forma muy comprimida, Michael Erlhoff emprendió, con motivo de la documenta 8 de Kassel una definición clara y actual. Tan amplio abanico de descripciones del diseño no genera, todavía, grandes problemas. La época en que dominó un concepto de diseño unitario -y por tanto también anquilosado a nivel ideológico-, forma ya parte del pasado. Los años ochenta han dado como resultado la descomposición de la integridad en diversas disciplinas. Si esto se considerara una pérdida, se encontraría uno todavía en la línea de Lyotard del estado del debate sobre el movimiento moderno (Wolfgang Welsch, 1987). Al contrario, la diversidad de los conceptos y descripciones no está a disposición de la arbitrariedad del movimiento posmoderno, sino que nace en aras de un pluralismo necesario y justificable. En adelante se deberá describir, a la hora de estudiar el desarrollo del diseño en las últimas décadas, hasta qué punto fueron determinantes para la disciplina ésta o ulteriores categorías.